INFORME DE COYUNTURA MENSUAL | MARZO

El dólar abandonó finalmente su letargo, en el marco de un escenario menos benigno para las monedas emergentes. Como ya es habitual, la caída del peso fue mucho más pronunciada que la de las monedas del resto de los países de la región, lo cual puso en alerta a las autoridades del gobierno nacional, en un escenario en el cual el tipo de cambio todavía se encuentra lejos de los niveles que habilitarían la intervención del BCRA.

Al fuerte incremento de la tasa de interés instrumentado por el banco central, se sumó el anunció de que a partir del mes que viene se comenzarían a vender los dólares necesarios para cerrar el programa fiscal del gobierno, al tiempo que se esperar que la liquidación de la cosecha haga las veces de puente hasta dicho momento.

Este nuevo cimbronazo no hace más que arrojar nuevas dudas sobre el comportamiento de la economía real en la antesala de las elecciones 2019. En los primeros meses del año, los tan esperados “brotes verdes” estuvieron lejos de haber aparecido, a pesar de los intentos oficiales por “exprimir” cada dato aparentemente no negativo de la economía.

El retroceso que sigue mostrando el consumo de los hogares se explica por una dinámica inflacionaria poco sensible a la combinación de política fiscal y monetaria contractiva, en conjunción con un escenario incierto de recomposición salarial. El empeoramiento de los ingresos reales es tal que la recesión ya ha comenzado a tener efectos de largo plazo en el nivel de actividad económica.

A lo anterior deben sumarse indicadores sumamente preocupantes en el plano laboral. El deterioro del mercado de trabajo impactó de lleno en los indicadores de pobreza, que difícilmente puedan mejorar a lo largo del año a pesar de la salvaguarda para el gasto social estipulada en el acuerdo que el gobierno firmó con el FMI.

La caída en los ingresos laborales y la pérdida de puestos de trabajo sigue deprimiendo a la demanda, en un escenario en el cual el renovado apretón monetario del banco central terminará de hundir el crédito y poner en jaque el flujo de caja de las empresas. En estas circunstancias, encontrar el canal a través del cual se podría filtrar una recuperación pre-electoral se vuelve una “misión (casi) imposible”.

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